Rezar un Credo.
Pintarme las uñas.
Conjugar el verbo “odiar”.
Escuchar a Melendi.
Entender a Mourinho.
Admirar a Belén Esteban.
Bailar con esos tacones que tanto se llevan.
Que 2 + 2 me sumen 4.
Llorar más de 5 minutos seguidos.
Votar al PP.
Leer Best Sellers de vampiros guapos.
Encender una cerilla sin quemarme.
Apuntarme a singles Barcelona.
Coger el paraguas por si llueve.
Aburrirme.
Ver películas Yankees sobre Yankees que juran por la bandera Yankee.
Silbar con los dedos, como mi sobrina.
Y callarme.
Callarme un poco y mejor, tampoco.
martes, 5 de abril de 2011
miércoles, 30 de marzo de 2011
Esas dichosas palabras
Siempre he pensado que en el diccionario del día a día hay tres tipos de palabras. Las que acarician. Las que se abstienen. Y las que duelen.
Me preocupan especialmente estas últimas. Su carácter rotundo las hace despiadadas. Las viste de incertidumbre. Y las peina con nuestro miedo. Son palabras que escuecen, sudan, estresan y muerden.
Esta semana las he visto. Volaban rasas a pocos metros del suelo, esperando la suerte débil de unos cuantos infelices. He olido su pulso nervioso y esos dedos de hielo con los que otorgan cuando callan. Entre otras lindezas, me han dejado un “no” mustio, un “finalizado” muy borde y hasta un “gracias”.
Y me he sentido tan absurda como un domingo sin electricidad. Ansiosa y estática. Con el único consuelo de avisaros.
Me preocupan especialmente estas últimas. Su carácter rotundo las hace despiadadas. Las viste de incertidumbre. Y las peina con nuestro miedo. Son palabras que escuecen, sudan, estresan y muerden.
Esta semana las he visto. Volaban rasas a pocos metros del suelo, esperando la suerte débil de unos cuantos infelices. He olido su pulso nervioso y esos dedos de hielo con los que otorgan cuando callan. Entre otras lindezas, me han dejado un “no” mustio, un “finalizado” muy borde y hasta un “gracias”.
Y me he sentido tan absurda como un domingo sin electricidad. Ansiosa y estática. Con el único consuelo de avisaros.
sábado, 19 de marzo de 2011
Orgullosa de mí
De mis manías.
De mis recuerdos.
Y de ese aire que guardo en el ánimo cuando llueve mucho.
Orgullosa de mis uñas.
De estos dos ojos casi negros.
Y esos 50 quilos que pesan tan poco.
Orgullosa de mi intuición.
De mi intención.
Y mi vocación.
Siempre frágil.
Y siempre otra.
Por mí y conmigo misma.
Yo.
De mis recuerdos.
Y de ese aire que guardo en el ánimo cuando llueve mucho.
Orgullosa de mis uñas.
De estos dos ojos casi negros.
Y esos 50 quilos que pesan tan poco.
Orgullosa de mi intuición.
De mi intención.
Y mi vocación.
Siempre frágil.
Y siempre otra.
Por mí y conmigo misma.
Yo.
viernes, 11 de marzo de 2011
Dame amor y dime tonto
Y te dices mil veces lo que te dijeron otros.
Que no. Que ese espécimen no era para ti. Demasiado bajo. Demasiado alto. Demasiado simple. O muy complejo. Un auténtico egoísta. Y un idiota.
Y te cuesta entender cómo tú (con tus inquietudes y virtudes) acabaste en los brazos de un tonto cualquiera. Tú y tú. Tan lista y tan mona. Tan precavida y tan cauta. Más escéptica que la sombra de una esquina. Y sin embargo ahí estás. Embargada de reproches. Con menos alma que un sello. Ofuscada y encogida. Triste.
Y te buscas en los demás, que son esos otros que también se equivocan. Hasta que te susurras “basta”. Eso sí. Siempre y solo después de pagar el peaje del tiempo.
Y un día llega este día. El día en el que te quitas, sin ningún esfuerzo, el par de zapatos de cristal que esclavizó tu destino con bailes muertos.
Que no. Que ese espécimen no era para ti. Demasiado bajo. Demasiado alto. Demasiado simple. O muy complejo. Un auténtico egoísta. Y un idiota.
Y te cuesta entender cómo tú (con tus inquietudes y virtudes) acabaste en los brazos de un tonto cualquiera. Tú y tú. Tan lista y tan mona. Tan precavida y tan cauta. Más escéptica que la sombra de una esquina. Y sin embargo ahí estás. Embargada de reproches. Con menos alma que un sello. Ofuscada y encogida. Triste.
Y te buscas en los demás, que son esos otros que también se equivocan. Hasta que te susurras “basta”. Eso sí. Siempre y solo después de pagar el peaje del tiempo.
Y un día llega este día. El día en el que te quitas, sin ningún esfuerzo, el par de zapatos de cristal que esclavizó tu destino con bailes muertos.
lunes, 28 de febrero de 2011
Por solo 5 sílabas
El adjetivo fetiche de este país es (con el cabreo que me otorga el cabreo):“des-me-su-ra-do”.
Desmesurado el poder de la demagogia que se intuye (y se GRITA) en los bares, por la madre que parió a la impunidad.
Desmesurado el rol de los medios y de esa mano que mece la cuna denominada Telecinco.
Desmesurado el recorte arbitrario de los políticos que, con las tijeras de las arcas públicas, nos están dejando sin un puto dibujo para colorear.
Desmesurado el conformismo que nos crece de la impotencia, y nos envía a Alemania para evitar eso tan feo de borrar parte de la experiencia en el currículum.
Desmesurado Mourinho y su discurso de entrenador “interplanetario”.
Desmesurado el meteorólogo que pone iconos de lluvia en todas las esquinas de los mapas de nuestros fines de semana.
Desmesurado el índice de chanchulleo que huele a nuevo rico.
Desmesurado todo, mucho y a cualquier hora.
- Póngame 20 “desmesurados” más, por favor. Que son gratis.
Desmesurado el poder de la demagogia que se intuye (y se GRITA) en los bares, por la madre que parió a la impunidad.
Desmesurado el rol de los medios y de esa mano que mece la cuna denominada Telecinco.
Desmesurado el recorte arbitrario de los políticos que, con las tijeras de las arcas públicas, nos están dejando sin un puto dibujo para colorear.
Desmesurado el conformismo que nos crece de la impotencia, y nos envía a Alemania para evitar eso tan feo de borrar parte de la experiencia en el currículum.
Desmesurado Mourinho y su discurso de entrenador “interplanetario”.
Desmesurado el meteorólogo que pone iconos de lluvia en todas las esquinas de los mapas de nuestros fines de semana.
Desmesurado el índice de chanchulleo que huele a nuevo rico.
Desmesurado todo, mucho y a cualquier hora.
- Póngame 20 “desmesurados” más, por favor. Que son gratis.
lunes, 21 de febrero de 2011
Un hada, dos hadas, 3 hadas
Discuto mucho con mi sobrina sobre la existencia de las hadas.
La niña (que tiene 7 años y una capacidad notable de comportarse como una auténtica Leo) me desafía con todo tipo de argumentos racionales que me obligan a plantearme si dejar de comerme las uñas vale la pena en estos tiempos.
Para ella es un juego. Para mí, otra lucha.
Desde lo más profundo de los despropósitos le explico, una y otra vez, que sin hadas seríamos muy poquito de lo que somos. No podríamos mezclar colores, ni tararear canciones, ni disfrutar de ese vértigo que unos días nos produce miedo y otros, rabia. Ni tener cosquillas. Ni…
- ¿Cosquillas tampoco, tía?
- Tampoco. Sin hadas, nada de nada.
Cuando me canso de manifestarme sola en la plaza del comedor, dejo a mi sobrina en el sofá, ensimismada en su “no”, envuelta en esa rotundidad que solo viste a las princesas desconcertadas.
Y a los pocos minutos la escucho acercarse, con un silencio felino, arrastrando sin saberlo el peso invisible de sus alas.
La niña (que tiene 7 años y una capacidad notable de comportarse como una auténtica Leo) me desafía con todo tipo de argumentos racionales que me obligan a plantearme si dejar de comerme las uñas vale la pena en estos tiempos.
Para ella es un juego. Para mí, otra lucha.
Desde lo más profundo de los despropósitos le explico, una y otra vez, que sin hadas seríamos muy poquito de lo que somos. No podríamos mezclar colores, ni tararear canciones, ni disfrutar de ese vértigo que unos días nos produce miedo y otros, rabia. Ni tener cosquillas. Ni…
- ¿Cosquillas tampoco, tía?
- Tampoco. Sin hadas, nada de nada.
Cuando me canso de manifestarme sola en la plaza del comedor, dejo a mi sobrina en el sofá, ensimismada en su “no”, envuelta en esa rotundidad que solo viste a las princesas desconcertadas.
Y a los pocos minutos la escucho acercarse, con un silencio felino, arrastrando sin saberlo el peso invisible de sus alas.
lunes, 14 de febrero de 2011
14 de febrero
Reconozco que no. De sentimental tengo lo mínimo. A veces, incluso menos.
Cuando me hablan de romanticismo me acojo a Poe, que el amor de por sí tiene mucho de vampírico y nada de verbo.
La familia me parece un bien necesario. Los amigos (los pocos, poquísimos que tengo), un acto de fe. Y del resto de sentimientos, sé mal. La sensibilidad y la ironía cotizan a la alza pero digámoslo, son los ingredientes básicos de un buen número de platos fríos.
Si me dicen que caí, lloro por dentro. Como los grifos cerrados, los pantanos deficientes y las cuerdas de las guitarras. La realidad me duele. La verdad me oxida. Y si tú me dices ven, hasta puedo salir corriendo.
Sirva esta declaración de inicios para manifestar mi admiración por los que saben llorar con los ojos muy abiertos. Por los que desechan Kleenex a golpe de miserias. Por las que se les corre el rimel, y por todos aquellos que se dejan las pestañas cortas.
Reconozco que sí. Yo quisiera reir…como llora Chavela.
Cuando me hablan de romanticismo me acojo a Poe, que el amor de por sí tiene mucho de vampírico y nada de verbo.
La familia me parece un bien necesario. Los amigos (los pocos, poquísimos que tengo), un acto de fe. Y del resto de sentimientos, sé mal. La sensibilidad y la ironía cotizan a la alza pero digámoslo, son los ingredientes básicos de un buen número de platos fríos.
Si me dicen que caí, lloro por dentro. Como los grifos cerrados, los pantanos deficientes y las cuerdas de las guitarras. La realidad me duele. La verdad me oxida. Y si tú me dices ven, hasta puedo salir corriendo.
Sirva esta declaración de inicios para manifestar mi admiración por los que saben llorar con los ojos muy abiertos. Por los que desechan Kleenex a golpe de miserias. Por las que se les corre el rimel, y por todos aquellos que se dejan las pestañas cortas.
Reconozco que sí. Yo quisiera reir…como llora Chavela.
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