Reconozco que no. De sentimental tengo lo mínimo. A veces, incluso menos.
Cuando me hablan de romanticismo me acojo a Poe, que el amor de por sí tiene mucho de vampírico y nada de verbo.
La familia me parece un bien necesario. Los amigos (los pocos, poquísimos que tengo), un acto de fe. Y del resto de sentimientos, sé mal. La sensibilidad y la ironía cotizan a la alza pero digámoslo, son los ingredientes básicos de un buen número de platos fríos.
Si me dicen que caí, lloro por dentro. Como los grifos cerrados, los pantanos deficientes y las cuerdas de las guitarras. La realidad me duele. La verdad me oxida. Y si tú me dices ven, hasta puedo salir corriendo.
Sirva esta declaración de inicios para manifestar mi admiración por los que saben llorar con los ojos muy abiertos. Por los que desechan Kleenex a golpe de miserias. Por las que se les corre el rimel, y por todos aquellos que se dejan las pestañas cortas.
Reconozco que sí. Yo quisiera reir…como llora Chavela.
lunes, 14 de febrero de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
Arte
Lo mejor de ser géminis (me refiero al hecho de ser “presuntamente” inestable, versátil y voluble) es que, en cuestión de horas, puedes pasar de escribir sobre negro a escribir sobre blanco sin que te tiemble el pulso ni la conciencia. A este curioso fenómeno algunos los llaman frivolidad. Pero no. No de la buena. Juro, por todas las palabras que me sé, que es pura supervivencia.
El arte de cambiarse de acera, de renglón o de silla tiene su complejidad. Para empezar, hay que moverse. Y moverse, con la humedad meteorológica y mental que está cayendo, tiene sus riesgos.
Al verbo “moverse” hay que sumarle el desgaste proporcional de coherencia / sentido común implícito. Y restarle el conformismo ambiental, la pereza universal y las pocas ganas de tener ganas.
El resultado (para los que se atrevan), ya adelanto que da un número negativo y primo. Muy primo. Pero es que la matemática literaria tiene estas cosas.
El arte de cambiarse de acera, de renglón o de silla tiene su complejidad. Para empezar, hay que moverse. Y moverse, con la humedad meteorológica y mental que está cayendo, tiene sus riesgos.
Al verbo “moverse” hay que sumarle el desgaste proporcional de coherencia / sentido común implícito. Y restarle el conformismo ambiental, la pereza universal y las pocas ganas de tener ganas.
El resultado (para los que se atrevan), ya adelanto que da un número negativo y primo. Muy primo. Pero es que la matemática literaria tiene estas cosas.
jueves, 3 de febrero de 2011
Ay
Entre la neurosis y la multidosis anda medio planeta. La “princesa” de Sabina, por el principio de sus principios, ha pasado a mejor vida. Y que el maestro la tenga en su gloria. Amén.
Los expertos aún no lo saben, pero las puntas de todos los lápices del mundo se nos están desgastando en exceso. Entre los ni-nis y los noes, entre los grises y los negros, ni siquiera cabe un paréntesis anoréxico.
Que por quedar, ya no nos queda ni el sutil acento de la palabra “solo”. Nos estamos quedando “solos”. Pero “solo” “solos”.
Y eso duele.
Los expertos aún no lo saben, pero las puntas de todos los lápices del mundo se nos están desgastando en exceso. Entre los ni-nis y los noes, entre los grises y los negros, ni siquiera cabe un paréntesis anoréxico.
Que por quedar, ya no nos queda ni el sutil acento de la palabra “solo”. Nos estamos quedando “solos”. Pero “solo” “solos”.
Y eso duele.
viernes, 28 de enero de 2011
A oscuras
Ves “Redes”. Intentas des-sintonizar Telecinco. Haces yoga. Cuentas hasta 100 después de enterarte de que “el Cuco” sigue negándose a declarar. Respiras hondo. Escribes a mano, poseída por una especie de fuerza que sólo dialoga con la impotencia. Llenas un folio. Por delante y por detrás. Inspiras. Y expiras. Echas mano de Saramago. De García Márquez. De Gil de Biezma. De Cortázar. Recuerdas todas las veces que leíste esas frases que en su día cargó la inteligencia. Las localizas pronto. Siguen ahí, impasibles, subrayadas por un lápiz indefenso. Y te preguntas por qué, cómo, cuánto.
Y sobre todo, cuándo tendrás el valor de cerrar tu maleta y alejarte sin que te vean con lo poco que te queda de coherencia.
Y sobre todo, cuándo tendrás el valor de cerrar tu maleta y alejarte sin que te vean con lo poco que te queda de coherencia.
miércoles, 19 de enero de 2011
Hay
Hay días oscuros y días opacos.
Doy fe de que los opacos son los peores.
Se te agarran a los huesos con una fuerza parasitaria atroz y te chupan hasta el calcio sin permisos ni perdones.
A los días opacos deberíamos castigarlos sin cena, sin tele y sin paga semanal. Sumirlos en la más sumisa indiferencia y sacarles la lengua. Ponerlos de rodilla y obligarlos a copiar 100 veces “no volveré a ser un día opaco”.
Así, y sólo así, aprenderían que las personas humanas somos una y no 51.
Y que tenemos alma, coño.
Doy fe de que los opacos son los peores.
Se te agarran a los huesos con una fuerza parasitaria atroz y te chupan hasta el calcio sin permisos ni perdones.
A los días opacos deberíamos castigarlos sin cena, sin tele y sin paga semanal. Sumirlos en la más sumisa indiferencia y sacarles la lengua. Ponerlos de rodilla y obligarlos a copiar 100 veces “no volveré a ser un día opaco”.
Así, y sólo así, aprenderían que las personas humanas somos una y no 51.
Y que tenemos alma, coño.
viernes, 14 de enero de 2011
Un enero quiero
Entre alusiones e ilusiones se nos ha colado en el 2011 un enero más bien rana. Ni caluroso ni frío. Y tan ingenuamente húmedo como esas lágrimas de cocodrilo que corren poco y mal por las mejillas de los críos más consentidos.
Este enero en el que vivimos huele a marzo y sabe a octubre. Hablar habla por los codos, pero se defiende de forma cobarde con excusas banales aún no recicladas.
En otro contexto legal, creo que solucionaría este despropósito con una buena dosis de humo + cafeína. Pero tal y como está el patio me pido sofá, película y manta. Hay que joderse.com / 2.0.
Este enero en el que vivimos huele a marzo y sabe a octubre. Hablar habla por los codos, pero se defiende de forma cobarde con excusas banales aún no recicladas.
En otro contexto legal, creo que solucionaría este despropósito con una buena dosis de humo + cafeína. Pero tal y como está el patio me pido sofá, película y manta. Hay que joderse.com / 2.0.
sábado, 8 de enero de 2011
Salir corriendo
No.
No voy a hablar del Día de Navidad. Ni del de Fin de Año. Ni de la Noche de Reyes. Ni de los excesos irresponsables, inconscientes e inusitados de comida y bebida.
Ni del hastío de mi tarjeta de crédito.
Ni de la Familia (escrito así, con la inicial en mayúsculas).
No.
No voy a hablar de cómo me ha bajado la tensión estos días por culpa de tanta conversación / discusión / punto de vista estúpido.
Ni de las mil veces que he contado mil, antes de quemar la casa y coger el primer avión que saliera del Prat.
Pues no.
Aunque suene cobarde, insulso o superficial, hoy sólo voy a hablar de esa voz inconsciente que lleva 20 días susurrándome en el ánimo:
“Montse, cierra los ojos y sal corriendo”. Sin zapatos. Sin reproches. Con lo puesto.
Y después, justo después, “GRITA”.
No voy a hablar del Día de Navidad. Ni del de Fin de Año. Ni de la Noche de Reyes. Ni de los excesos irresponsables, inconscientes e inusitados de comida y bebida.
Ni del hastío de mi tarjeta de crédito.
Ni de la Familia (escrito así, con la inicial en mayúsculas).
No.
No voy a hablar de cómo me ha bajado la tensión estos días por culpa de tanta conversación / discusión / punto de vista estúpido.
Ni de las mil veces que he contado mil, antes de quemar la casa y coger el primer avión que saliera del Prat.
Pues no.
Aunque suene cobarde, insulso o superficial, hoy sólo voy a hablar de esa voz inconsciente que lleva 20 días susurrándome en el ánimo:
“Montse, cierra los ojos y sal corriendo”. Sin zapatos. Sin reproches. Con lo puesto.
Y después, justo después, “GRITA”.
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